Monday, November 08, 2010

Belleza y grandeza: Santiago y Barcelona

Por Javier Peña

Peregrino de la fe. Una imagen que repica en nuestro corazón e inunda el alma con incienso de siglos de cristiandad. Un caminar hacia Compostela para venerar al Apóstol. Actitud con la que Benedicto XVI llegó a Santiago para acercarse más a Cristo y, en Él, bendecir a Dios.




Peregrino de la fe. Don aceptado y actualizado desde un amor que transforma. Belleza que se hace motivo de credibilidad y causa de confianza; que sobrepasa a la autoridad del que propone, porque se afianza en el amor que se ofrece. Camino humano y generosidad divina, que, en el despertar de la fe, convierte la belleza en grandeza.






Peregrino de la fe. Así vimos a nuestro Pontífice en España: Galicia y Barcelona. Nosotros y millones de católicos en todo el mundo. Así lo han entendido los cristianos que reconocen su magisterio y todos cuantos se identifican con su peregrinar, aunque su fe sea la del pabilo que humea. Histórica tarde en la Plaza del Obradoiro, a los pies del Apóstol, con un Papa que enciende mechas adormecidas con su testimonio paulino y su fuerza sobrenatural.






Cuantos vivimos estos momentos, nos asomamos a una ventana abierta a lo infinito. A un amor sin límites, a un mar sin orillas, que bendice y dulcifica este azaroso recorrido que es la vida sobre la tierra. La conjunción de estilos y de matices culturales que impregnan este sacro lugar son portadores de historia y de compromiso personal. Belleza de las formas y de los gestos, profundidad musical hasta concebir la grandeza del hombre ante su Creador.





Peregrino que llega a Barcelona para ser testigo de excepción de una fe manifestada en arte y cultura contemporáneos. Visión profunda de una Sagrada Familia insertada en los límites y en la infinitud de la geometría. Contemplación apocalíptica de la Jerusalén Celestial. Piedras vivas que perpetúan al hombre que acoge al Espíritu; un ser que interioriza la naturaleza y saca a la fachada, para que todo el mundo pueda contemplar, los motivos de su fe.


Sagrada Familia centrada en el Cordero Degollado; único y verdadero sacrificio redentor. Con tres vías de peregrinación a la fe, moduladas en su estructura: Un mundo que busca a Dios, el asombro del encuentro con Cristo y la acogida en el seno de la familia creyente.

Benedicto XVI es un caminante entre los hombres que mira en sus ojos, respondiendo a su llamada. Un padre que nos propone la paz, buscando lo que nos une en lugar de lo que nos separa. Un Papa que se acerca para saludar a cada persona que aguarda en el camino. Para él, entrar en la Sagrada Familia, es adentrarse en el santuario desde el patio de los gentiles y abrir una puerta singular para la acogida de la fe. Un pasar de la belleza admirada a la grandeza de la Promesa. Un camino que sólo puede culminar en el Amor.

La belleza se posee o se alcanza con el esfuerzo; la grandeza se logra por la fidelidad. Y, ¡al despertar, me saciaré de tu semblante, Señor!

Javier Peña Vázquez * Málaga

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