Wednesday, October 13, 2010

Vestido y cultura

Vestir es mucho más que una forma de cubrirse, aunque nos falte perspectiva. Un tema que me ha sugerido este programa de Cristina López Schlichting: “Dos días contigo”; al que sigo con verdadera expectación. Ella es encantadora y una gran periodista, como pude conocer hace más de diez años. Su nuevo programa, me parece muy variado y sugerente, invitando a participar. Así pues y dado que en él se dedica una especial atención a la moda del vestir, quisiera intervenir para rescatar el término “vestir” de un uso frívolo o muy parcial.


Vestir es mucho más que una forma de cubrirse, aunque nos falte perspectiva. Un tema que me ha sugerido este programa de Cristina López Schlichting: “Dos días contigo”; al que sigo con verdadera expectación. Ella es encantadora y una gran periodista, como pude conocer hace más de diez años. Su nuevo programa, me parece muy variado y sugerente, invitando a participar. Así pues y dado que en él se dedica una especial atención a la moda del vestir, quisiera intervenir para rescatar el término “vestir” de un uso frívolo o muy parcial.





Es más, quiero hacerlo porque escribir es una necesidad para mí. Me centrar el pensamiento y la expresión de conceptos para la mejora personal o social. Propuestas, tal vez discutibles, pero bien reflexionadas. Es, tras de escuchar a quienes se comprometen con cuanto dicen.



Para pisar suelo firme, primero hay que ser uno mismo. Personalidad que debe manifestarse en la forma de ser y actuar, lo que es como vestir el comportamiento. Pues, todo, requiere ser arropado para hacerlo visible. Desde el hogar hasta los pensamientos más profundos. La desnudez podría, así, entenderse como la manera de cubrir vacíos o de plasmar decepciones con el propio yo. Ni el eros, que busca lo más íntimo, debería confundirse con un destape.


Nuestras inquietudes y aspiraciones deben ser envueltas con las palabras más apropiadas y significativas. Nuestros mandatos con los términos más precisos. Nuestro sentido de la vida con mucha claridad y con toda sinceridad. Y, nuestro amor, con las palabras más tiernas y las frases más delicadas. Con fidelidad; pues, el amor, cuenta con su propia vestimenta.



Vestir no es algo superfluo y dice mucho de un pueblo, de una cultura. Sólo la dejadez, lleva a descuidar nuestras maneras de hablar, nuestro comportamiento en sociedad y a la propia persona. Alarmas que deberían inquietarnos, pues significan la paralización cultural de una sociedad desconcertada y sin inquietudes de futuro. Su análisis nos debe llevar a explorar en la intercesión que se produce entre educación y formación. No basta con disponer de un aluvión de contenidos, ni con un despliegue de instrumentos. Si, con ellos, nos olvidamos de la vestidura más acorde con cada fase de nuestro desarrollo.

Las culturas, como las mareas, avanzan o retroceden. Málaga sabe que el mar embravecido es capaz de erosionar todo los convenios entre la tierra y la mar. Zonas de playa que se deshacen de la noche a la mañana. Algo similar nos ha ocurrido con nuestra feria del centro. Una gran iniciativa ciudadana que proponía fomentar convivencia vestida de malagueñísmo: tradición y armonía. Un buen ámbito de amistad que ha sido desvestido por la contracultura del botellón sin reglas. Por la desnudez de la embriaguez hasta el coma etílico. Y ¿para qué?

Buena, imprescindible, es la libertad. Siempre que esté revestida de responsabilidad.

Javier Peña Vázquez

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